La manada de Lobos
El ser
humano es el resultado de una evolución biológica innegable, que nos ha llevado
a ser seres racionales capaces de sobrevivir por encima de todos los
obstáculos. Sin embargo, en algunos aspectos aún somos como los animales: no
somos capaces de vivir solos, y, por alguna extraña razón que se me escapa,
tampoco de aceptar la diferencia. Tal vez inconscientemente, como por instinto,
el hecho de ser de otra raza, de otra cultura, de otra inclinación sexual o
simplemente de tener un pensamiento diferente nos impacta, y quizás por miedo
–lo más seguro- o por simple inclinación, tendemos a aislar esa diferencia e
intentar destruirla. Acaso no lo diremos nunca en voz alta, o no seremos
conscientes de ese pensamiento, pero estará ahí, en nuestro subconsciente,
pugnando por salir.
Mirarán a aquel chico de otra raza –sea cual sea- que cruza
la calle y se acerca a ellos, y sus sentidos se pondrán alerta. Verán a aquella
joven que viste de una forma completamente distinta a cómo dicta la sociedad de
la época y sus caras se contraerán en un gesto de desacuerdo o –en último
extremo- de desprecio o asco. Contemplarán a aquellos jóvenes que no van a las
cafeterías de moda o a las botellonas y sacudirán la cabeza pensando que
no tienen remedio, que jamás se integrarán. Y pretenderán conocer a toda esa
gente con la esperanza de cambiarlos ellos, o –en un acto que merece todo el
desprecio posible- de aparentar que no tienen esa propensión a descartar la
diferencia. Pero todos la tienen.
Son
como aquella manada de lobos que discriminan y expulsan al lobo diferente, al
lobo blanco o negro, al lobo que quiere ser el dominante o a la loba que se
queda preñada a destiempo. Pero ese lobo que es expulsado de la manada no se
rinde ni se deja morir: sigue luchando, por sí mismo o en busca de otro grupo
que lo acepte, pero no está dispuesto a dejar atrás sus aspiraciones. Y eso lo
convierte en el mejor lobo de la manada.
Esa
joven que sonríe a todo el mundo y no se deja engañar por un vaso de cubata o
una música fuerte, que puede llevar la paz a todos lados, es capaz de lograr un
milagro; esa chica que se busca a sí misma, dispuesta a caer mil veces para
averiguar cuántas es capaz de levantarse, puede hacer que otros caigan como
ella; ese muchacho al que la vida ha intentado matar, y que, sin embargo,
nombra a la muerte como una mujer hermosa que intenta seducirte en una cena
elegante, es capaz de matar tus ideas con unas certeras y sublimes palabras;
ese joven que busca en el mundo un hueco que no esté corrompido, puede cambiar
el mundo y matar la corrupción; esa joven que ama la vida y tiene metas
demasiado grandes para ella, es capaz de luchar contra el mundo para lograr
conseguirlas. Y todas las personas que los ven desde su privilegiada posición
en la sociedad los miran con temor, y por temor intentan derribarlos.
Pero,
como el lobo expulsado, estas personas diferentes, estos que tienen en sí la
esencia del ser humano por completo –pues en la diferencia radica la condición
humana-, son capaces de luchar solos sin renunciar a sí mismos. Y la manada
puede desterrarlos, pero no puede destruirlos, porque, como el lobo expulsado,
son los mejores de la manada. Y, al final, formarán una manada perfecta y
sublime donde todos podrán ser, al fin, lo que quieran.
La
sociedad no podrá impedirlo, y les volverá la espalda, ignorándolos, y seguirán
viviendo en su ilusión de que la homogeneidad en su preciosa sociedad es lo que
los hace perfectos. Y entonces los lobos serán libres. Uno para ser el jefe,
otro para ser blanco, otro para ser negro, y otra para tener a sus cachorros
fuera de temporada.