martes, octubre 23, 2012

La manada de Lobos


El ser humano es el resultado de una evolución biológica innegable, que nos ha llevado a ser seres racionales capaces de sobrevivir por encima de todos los obstáculos. Sin embargo, en algunos aspectos aún somos como los animales: no somos capaces de vivir solos, y, por alguna extraña razón que se me escapa, tampoco de aceptar la diferencia. Tal vez inconscientemente, como por instinto, el hecho de ser de otra raza, de otra cultura, de otra inclinación sexual o simplemente de tener un pensamiento diferente nos impacta, y quizás por miedo –lo más seguro- o por simple inclinación, tendemos a aislar esa diferencia e intentar destruirla. Acaso no lo diremos nunca en voz alta, o no seremos conscientes de ese pensamiento, pero estará ahí, en nuestro subconsciente, pugnando por salir. 

Mirarán a aquel chico de otra raza –sea cual sea- que cruza la calle y se acerca a ellos, y sus sentidos se pondrán alerta. Verán a aquella joven que viste de una forma completamente distinta a cómo dicta la sociedad de la época y sus caras se contraerán en un gesto de desacuerdo o –en último extremo- de desprecio o asco. Contemplarán a aquellos jóvenes que no van a las cafeterías de moda o a las botellonas y sacudirán la cabeza pensando que no tienen remedio, que jamás se integrarán. Y pretenderán conocer a toda esa gente con la esperanza de cambiarlos ellos, o –en un acto que merece todo el desprecio posible- de aparentar que no tienen esa propensión a descartar la diferencia. Pero todos la tienen.

Son como aquella manada de lobos que discriminan y expulsan al lobo diferente, al lobo blanco o negro, al lobo que quiere ser el dominante o a la loba que se queda preñada a destiempo. Pero ese lobo que es expulsado de la manada no se rinde ni se deja morir: sigue luchando, por sí mismo o en busca de otro grupo que lo acepte, pero no está dispuesto a dejar atrás sus aspiraciones. Y eso lo convierte en el mejor lobo de la manada.

Esa joven que sonríe a todo el mundo y no se deja engañar por un vaso de cubata o una música fuerte, que puede llevar la paz a todos lados, es capaz de lograr un milagro; esa chica que se busca a sí misma, dispuesta a caer mil veces para averiguar cuántas es capaz de levantarse, puede hacer que otros caigan como ella; ese muchacho al que la vida ha intentado matar, y que, sin embargo, nombra a la muerte como una mujer hermosa que intenta seducirte en una cena elegante, es capaz de matar tus ideas con unas certeras y sublimes palabras; ese joven que busca en el mundo un hueco que no esté corrompido, puede cambiar el mundo y matar la corrupción; esa joven que ama la vida y tiene metas demasiado grandes para ella, es capaz de luchar contra el mundo para lograr conseguirlas. Y todas las personas que los ven desde su privilegiada posición en la sociedad los miran con temor, y por temor intentan derribarlos.

Pero, como el lobo expulsado, estas personas diferentes, estos que tienen en sí la esencia del ser humano por completo –pues en la diferencia radica la condición humana-, son capaces de luchar solos sin renunciar a sí mismos. Y la manada puede desterrarlos, pero no puede destruirlos, porque, como el lobo expulsado, son los mejores de la manada. Y, al final, formarán una manada perfecta y sublime donde todos podrán ser, al fin, lo que quieran.

La sociedad no podrá impedirlo, y les volverá la espalda, ignorándolos, y seguirán viviendo en su ilusión de que la homogeneidad en su preciosa sociedad es lo que los hace perfectos. Y entonces los lobos serán libres. Uno para ser el jefe, otro para ser blanco, otro para ser negro, y otra para tener a sus cachorros fuera de temporada.

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